Empatía
Resulta que el ser
humano es menos empático de lo que parecía.
Hoy por fin he entendido porque a nadie le importa ni Siria, ni sus
sirios y es terrible. Se vive mejor en la ignorancia, sinceramente.
En Praga y otras
ciudades asoladas por el nacismo y el holocausto, muchos templos de culto judíos
están llenos de nombres de aquellas víctimas que sufrieron el antisemitismo de
la manera más brutal, con la muerte. Las paredes de esos templos están llenos de
los nombres de las víctimas. Cuando entras en una de esas salas la imagen es
desoladora. Te ves rodeado de miles de nombres que ya no son un solo número, si
no que tienen nombres y apellidos. Te acercas a ellos y los vas leyendo poco a
poco y de pronto de invade una sensación de tristeza. Muchos de mis compañeros
empezaron incluso a llorar.
Y es que cuando
vimos la imagen de Alan aquel niño sirio muerto en la playa, a los europeos nos
entraron ganas de llorar. Y hasta ahí puedo leer, porque como en el caso
anterior, la historia no paso de las lágrimas.
Ahora yo me pregunto, ¿vamos a esperar a que los nombres de millones de sirios que huyen de la guerra
estén escritos en una pared para que nos demos cuenta de la barbarie que
estamos haciendo? Tal vez cuando los leamos nos pongamos a llorar,
definitivamente esa es la solución a todos nuestros problemas.
Puede que nosotros
no pudiéramos hacer nada para parar el holocausto, pero si que podemos hacerlo
por los sirios. Podemos y debemos hacerlo antes de que sus nombres estén
escritos en una pared.
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